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Queremos una Europa solidaria y democrática, del bienestar, ecologista, feminista, que promueva la paz, asegure los derechos y las libertades, y proteja la diversidad cultural. Una Europa que se ocupe de los problemas cotidianos de la gente, que responda a los intereses de la mayoría y que asegure un futuro para todos y todas.
Y por ello, proponemos diez ejes para cambiar Europa.

1. Democracia
Las instituciones de la Unión Europea con legitimidad democrática son las que deben tener la última palabra. Por eso, tenemos que reforzar el Parlamento frente a la Comisión y el Consejo. Debemos evitar que sean los lobbies y los poderosos quienes tomen las decisiones y continúen agravando las desigualdades que vivimos. Hay que superar los tratados para poner Europa al servicio de la gente.

2. Una economía para las personas
Tenemos que dar la vuelta a la economía y ponerla al servicio de los intereses de la mayoría social. Es imprescindible democratizar el gobierno económico de la Unión Europea, empezando por el Banco Central Europeo, garantizando un cambio de modelo productivo que ponga los derechos en el centro, asegure salarios dignos y protección social para todas y todos, y que luche por la justicia fiscal y contra la evasión de impuestos de los ricos.

3. Garantía de derechos
Frente a una Unión Europea que recorta, Europa tiene que garantizar los derechos sociales universales, como la sanidad, la educación, las pensiones o la vivienda, por los que hemos luchado durante décadas, y que se reviertan las políticas de austeridad de los últimos años, que impiden la justicia social. Hay que frenar los actuales recortes en derechos y libertades de la ciudadanía, y fomentar la cultura como base de la diversidad europea.

4. Un horizonte morado
Una revolución feminista. Las mujeres están marcando el camino para construir una sociedad nueva y mejor para todas y todos. Queremos una Europa que garantice la igualdad real de las personas LGTBI, con una legislación que proteja la igualdad de trato. Necesitamos una Europa sin discriminaciones ni violencia, que reconozca la libre decisión sobre nuestros cuerpos, con servicios públicos y salarios iguales, y con una economía que se ocupe de las personas, poniendo la vida en el centro.

5. Puentes, no muros
Las élites quieren convertir Europa en una fortaleza para una minoría privilegiada. Los derechos de las personas que migran son nuestros derechos, por eso tenemos que construir sociedades acogedoras y erigir puentes donde otros levantan muros y muerte, creando vías legales y seguras para migrar y acabando con las devoluciones ilegales y la criminalización de las personas migrantes.

6. Comercio con justicia
El comercio internacional no tiene por qué ser una herramienta de expolio y control al servicio de las élites, como lo es hoy con los tratados comerciales. Europa debe hacer del comercio un medio al servicio de la prosperidad colectiva, supeditado a los derechos humanos, a los límites del planeta y a una economía sin especulación, mediante una política que fortalezca un tejido productivo y comercial que promueva la justicia económica mundial.

7. Una nueva política exterior
El papel de una Europa no subordinada a Trump, en un mundo militarizado y atravesado por conflictos crecientes, debe ser fomentar la paz, la solidaridad, la justicia universal, la democracia, el multilateralismo y el derecho internacional.

8. Un horizonte verde
El cambio climático exige medidas urgentes para una revolución ecológica que articule un cambio de modelo productivo, y promueva la sostenibilidad, los derechos para las personas y una nueva relación con los animales. Un modelo que asegure empleos de calidad, soberanía de los sectores estratégicos frente a la uberización de la economía y una transición energética justa que no deje a nadie atrás. No podemos permitir que los beneficios de una minoría pongan en peligro nuestro planeta. Porque no tenemos otro.

9. Soberanía alimentaria
El sector primario necesita políticas justas y sostenibles que articulen un nuevo paradigma de relación entre las y los consumidores, las y los productores y el planeta, basado en derechos y no en la lógica del mercado. Es necesario dar la vuelta a la Política Agraria Común y a la Política Pesquera Común para hacer viables las pequeñas y medianas explotaciones agrarias, ganaderas y pesqueras, y que no sirvan al beneficio de los grandes propietarios.

10. Mundo rural vivo y justicia territorial
Europa debe lograr la cohesión social y territorial entre sus pueblos. Para ello, es necesario garantizar el derecho universal al agua y otros bienes comunes bajo control público, una democracia territorial que refuerce el papel de los municipios, la solidaridad entre regiones europeas y apueste por infraestructuras que vertebren el territorio en lugar de los beneficios empresariales.

 

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